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Making a Dream

En Navidad de 2017 nacimos como proyecto y en nuestra búsqueda de un obrador tuvimos la sorpresa de poder contar con un sitio tan peculiar como mágico; la antigua leñera de Villa Carolina, una centenaria casa familiar en el pueblo de Cercedilla. Al pie del monte y en medio de su jardín antiguo empezamos las obras ese mismo mes. Un viaje que duraría un año y en el que pusimos tanto cariño como respeto por su historia y la esencia de un entorno único. Hoy queremos compartir los apuntes de ese proyecto en el que muchas personas pusieron su ilusión y energía para que fuera lo que hoy es La Petite Cuisine.

 

Villa Carolina parece salida de un cuento infantil, su estética de la sierra madrileña y su arquitectura tan encantadora te transporte inmediatamente a esos años en los que la vida iba más lenta y todo te invita a desconectar. Desde el principio entendimos que esa casa tenía que ser el paisaje principal para las personas que vinieran a vernos y por lo tanto nuestra leñera tenía que ser transparente. Las primeras palabras que empezamos a apuntar fueron invernadero, casa de campo, naturaleza… La antigua estructura de pilares de madera no pudimos rescatarla pero sustituimos por vigas de hierro todo el conjunto y protegimos el único muro que quedaba en pie. Nuestro muro central con dos ventanucos, y ladrillo visto que nos generaría los dos espacios actuales. Inspirándonos en la terraza de invierno acristalada de la casa, diseñamos un cerramiento que fuera totalmente acorde con la estética histórica, replicando a mano con herreros locales toda la estructura con idénticos remaches, cristaleras con fallebas y rombos decorativos.

Imitar el color del paso del tiempo en el hierro y la paredes fue toda una aventura; pero con paciencia, muchas pruebas y algún experimento casero logramos terminar de envejecer el conjunto para que diera la sensación de llevar años construido.

 

 

Si Salon des Fleurs es la tetería de Alicia en el País de las Maravillas, en La Petite Cuisine somos el hogar del Conejo Blanco, y por eso las referencias victorianas tan nuestras no podían faltar en este proyecto también. Un suelo de damero blanco y negro vintage para la cocina del obrador, una gran chimenea con un inmenso espejo encima, lámparas de araña de cristal entrelazadas, escaleras que suben, colección botánica de flores en las paredes, libros antiguos y cuadros al óleo en el muro viejo….

 

 

Buscamos en mercadillos y anticuarios muebles y objetos que completarán la atmósfera amorosa del salón y para la cocina nos enamoramos de la idea de una inmensa campana y una isla de trabajo en mármol apomazado blanco. Un año después de comenzar las obras logramos celebrar nuestra primera Navidad y abrir nuestras puertas. Para nosotras, trabajar en lo que amas creemos que es un privilegio para el corazón y hacerlo en este lugar lleno de cariño es sin duda vivir dentro de un sueño.

 

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